- ¿Cómo estás?
- Estoy bien… estoy bien… estoy bien…
Le repites sin cesar. Y te engañas, y pretendes creerte algo irreal, algo insostenible.
¿Qué te está pasando? ¿Qué es lo que te está cegando?
Aparentemente, creía estar bien. Aparentemente, sentía estar bien.
Pura apariencia, falsa apariencia.
¡Eres tan cruel!
Dejaste que me engañará, me dejaste caer, me tapaste los ojos provocándome una ligera distorsión de la realidad.
Me evadí. Me fui estando, me sinceré ocultando, mentí callando…
Y aun intento pensar que todo mantiene su orden, que todo mantiene su calma…. Pero de pronto ese vaso plagado de litros y litros de apariencias, se vuelca, se cae, se rompe…. Es ahí cuando comienzan a evidenciarse cada una de aquellas imágenes que pretendíamos ocultar. No ver.
Pero están ahí, a tu lado, a mi lado… Y nos miramos con los ojos llorosos y me cuentas tus penas, tus dolores, tu más profundo sufrimiento, tu desesperación… Y aun sabiendo que en esos agudos y dolorosos hachazos esté mi nombre y mi historia, me oculto. Dejó que hables, que te desahogues... y intento calmarte, diciéndote que estoy bien, estoy bien, estoy bien… que por mí no debes preocuparte.
Me crees, te calmas. Y yo continuo aparentando que todo sigue bien.
¿Hasta cuándo? No lo sé…